Misioneras Mater Misericordia

Con entrañas de Misericordia te he amado:

«Ve y Haz tú lo mismo» Lc 10, 37

«Mujer, ahí tienes a tu Hijo» Jn 19, 26

«Ámalo con amor de Misericordia» Mt 25, 34-35

Este es nuestro mandato misionero, el del Buen Samaritano y el que Jesús dio a su madre. Sabedoras de que Dios perdona no con un decreto, si no con una caricia.

Esa caricia es la que Dios pide hacer llegar a cada uno de sus hijos, con la ternura de una madre.

«Id y mostrad al mundo mi amor de Misericordia». Pues yo no me olvido de uno solo de mis hijos.
¿Puede acaso una madre olvidarse del niño pequeño de pecho?
Pues, aunque ella se olvide, yo no me olvidaré.» Is 49, 15


Con entrañas de Misericordia te he amado:

«Ve y Haz tú lo mismo»
Lc 10, 37

«Mujer, ahí tienes a tu Hijo» Jn 19, 26

«Ámalo con amor de Misericordia» Mt 25, 34-35

Este es nuestro mandato misionero, el del Buen Samaritano y el que Jesús dió a su madre. Sabedoras de que Dios perdona no con su decreto, si no con una caricia.

Esa caricia es la que Dios pide hacer llegar a cada uno de sus hijos, con la ternura de una madre.

¿»Id y mostrad al mundo mi amor de Misericordia». Pues yo no me olvido de uno solo de mis hijos.
¿Puede acaso una madre olvidarse del niño pequeño de pecho?
Pues, aunque ella se olvide, yo no me olvidaré.»
Is 49, 15